Por: Neftalí Martínez Alzate – “El Filósofo del Fútbol” –
Contrario a lo que piensa mucha gente del fútbol, creo que ha llegado la hora de "desestandarizar" la desgastada metodología que se ha convertido en su paradigma universal. Creo que apegarse tanto al modelo futbolístico europeo en lo táctico, tiene más desventajas que ventajas, y no genera para nuestro fútbol un crecimiento real y sustantivo. Estamos dándole demasiada importancia al modelo "sacro táctico" de los entrenadores europeos, desconociendo que nuestra naturaleza futbolística nos obliga a contemporizar con ella, y no podemos seguir desdeñándola olímpicamente como hemos venido haciéndolo hace más de 30 años.
¿Y qué priorizan los entrenadores más prestigiosos de Europa? Priorizan la táctica, la talla, la velocidad, la potencia y el biotipo por encima de la condición técnica. ¿Eso será positivo para el verdadero crecimiento del fútbol colombiano? ¡Por supuesto que no!
Es hora de comenzar a desmontar tanto paradigma inoficioso y caduco, que lo único que hace es estandarizar las maneras metodológicas, reduciéndolas a una sola manera de hacer las cosas en el fútbol.
Todos los entrenadores le apuestan – a excepción de Guardiola en el Barcelona – a la táctica extrema, al reduccionismo sistemático de la individualidad con el cual se intenta reprimir absurdamente cualquier destello de buena condición técnica, para subordinarla al “Fundamentalismo Táctico” y a su rigurosa doctrina que pregona a los cuatro vientos que “El Fútbol Es Un Deporte Colectivo”, y en consecuencia, queda implícitamente prohibido para los jugadores que nacen con talento, conducir demasiado la pelota, so pena de “traicionar” este sacro postulado del fútbol partiturizado, en el que se prioriza la velocidad, la potencia física y el uso desmedido de la fuerza; este último, como “arma disuasoria”para aplacar el talento manifiesto.
No importa lo que digan los esnobistas e incautos seguidores del fútbol moderno. Lo verdaderamente importante aquí, es que en lugar de enviar a nuestros entrenadores a Europa a ver cómo entrenan a sus equipos los técnicos de élite, nos preocupemos más por enseñarles cómo puede optimizarse metodológicamente la condición técnica de nuestros nacientes futbolistas, pero desde la propia base. "El principio" del proceso de "reingeniería" de nuestro fútbol empieza justamente desde ahí.
Por: Neftalí MartínezAlzate – “El Filósofo del Fútbol” –
Es una VERGÜENZA que la voracidad de los mercenarios del fútbol esté truncando de un sólo tajo, la posibilidad de que los jugadores jóvenes puedan llevar su proceso natural de formación, como éste tendría que llevarse: sin prisa pero sin pausa, y con la mira bien puesta en optimizar las condiciones de estos nacientes futbolistas, de una manera integral, de modo que nuestros impúberes talentos puedan ir acumulando en sus equipos, el tiempo mínimo de aprendizaje necesario, antes de ser transferidos al fútbol europeo.
Es inconcebible, por muy normal que se antoje esta irresponsable práctica, que a un muchachito cualquiera que apenas está comenzando en el fútbol, ya estén respirándole en la nuca y dañándole la cabeza una caterva de empresarios venidos de todas partes, cuando el “pelao” nada ha ganado todavía, como para merecer así de buenas a primeras una tentativa de transferencia internacional.
Definitivamente los empresarios son el verdadero cáncer del fútbol. Un cáncer que poco a poco va carcomiendo los tejidos institucionales de los clubes, sobre todo en esta parte del mundo en donde el hambre y las carencias son el caldo de cultivo para que estos mercaderes insaciables terminen haciendo su agosto a expensas de dirigentes incapaces y folclóricos, a quienes sólo los mueven sus intereses personales, llevando a sus clubes a un inminente colapso financiero, y al más peligroso círculo vicioso: el de tener que vender sistemáticamente a sus jugadores para atenuar los enormes pasivos de sus equipos, y luego intentar dando palazos de ciego, atinarle a la “piñata” del fútbol, a ver si a punta de suerte pueden hilvanar una excelente campaña, para que nuevamente aparezcan en escena los mismos “buitres” de siempre, y así continuar el rito de vender y sobretasar a las nuevas promesas que despuntan, del mismo modo como el avezado negociante ganadero, vende y sobretasa a sus mejores semovientes.
“Mal de todos consuelo de tontos”. Sé que muchos dirían algo como ésto: “¿Pero si lo hacen en Argentina, en Brasil y en todas partes, por qué tenemos que ser la excepción de la regla?” Si bien es cierto que los argentinos y los brasileños son del primer mundo futbolístico y se conocen mucho mejor que nosotros la “letra menuda” del fútbol, eso no significa que tengamos que seguir su inasertivo comportamiento. ¡Ellos en lo suyo y nosotros en lo nuestro! Bueno, así lo pensaría un dirigente sabio, sensato y auténtico. El problema es, que ese tipo de dirigentes NO los tenemos aquí, y gústenos o no, tendremos que convivir con las “lumbreras” que gobiernan nuestro fútbol.
Así las cosas, y remitiéndonos a la cruda verdad de los hechos, nunca podremos tener un campeonato decente y medianamente competitivo en tan lamentables circunstancias, y seguiremos repitiendo el oprobioso ritual de convertir a los jugadores simplemente en mercancías, y al fútbol en un “negocio” en el que sólo se lucran los mercenarios, digo, los “empresarios.”
Por: Neftalí Martínez Alzate – “El Filósofo del Fútbol” –
Existe en el fútbol actual, un sinnúmero de “estrategias” furtivas que de hecho son desconocidas para muchos, y que vienen a ser el equivalente al “truco del mago” para algunos brillantes estrategas, y para otros que no lo son. Dichas estrategias forman parte de sus secretos profesionales, que por supuesto son irrevelables en virtud de su presunta eficacia en el plano competitivo. No entiendo de dónde sale la absurda suposición de que el fútbol actual es de correr y correr y no de pensar y jugar. Eso era cierto hasta finales de los ‘90. De ese tiempo para acá lo que se ha visto es un fútbol decididamente cerrado, pragmático y mezquino, en el que priman la fuerza, la táctica extrema, las sobrecargas precompetitivas, y una pérdida sustantiva en la intensidad del juego. Antes el fútbol era lento por condición, y ahora no es vertiginoso por convicción, en aras del “ahorro energético”.
Detrás de la riqueza estratégica del Barcelona de Guardiola, está una estrategia invisible que subyace furtivamente en la posesión de la pelota. Esa maniobra a través de la cual el Barça obliga a sus adversarios a doble-desgastarse, primero al tratar de recuperar la pelota, y segundo al verse obligados nuevamente a tener que recuperarla, dado que el equipo barcelonista siempre la quita demasiado pronto, y tarda mucho tiempo en “permitir” que su rival la recupere. Eso incuestionablemente le genera al equipo adversario un elevado estrés tanto físico como psicológico, que lo induce a cometer errores que terminan convertidos en goles en contra.
El toque bien hilvanado del Barça está regido por un principio básico de tenencia de balón, bien complementado con la movilidad permanente de quienes acompañan la jugada, y de sus posibles receptores quienes también distraen más allá de la zona donde circula la pelota. Y todo para impedir que su rival tenga referencia fija, y al mismo tiempo para obligarlo a que otorgue los espacios necesarios cuando va por el balón, y así llevarlo hasta que “pierda la cabeza”, induciéndolo a que pegue instintivamente, a que cometa recurrentes faltas al borde del área, a que se exponga que le sancionen una pena máxima, y a que le saquen tarjetas amarillas que lo perfilen a una posible expulsión…... Y todo por tratar de quitarle la pelota al Barcelona. ¡Qué ironía! Es un círculo vicioso del que no logran salir tan fácilmente los rivales del equipo catalán, porque en la práctica nunca juegan, siempre corren detrás de la bola desgastándose inútilmente, y cuando la tienen, NO encuentran a quién ponérsela.
Pero como tristemente “Barcelona sólo hay uno”, el resto de los mortales se apaña de recursos mezquinos con tal de desgastarse lo menos posible, partiendo de la premisa de que el partido dura 90 minutos, y que es preciso lograr que el equipo rival haga su mayor desgaste. Un fiel paradigma de la mezquindad pro ahorro energético en el fútbol, ha sido la selección italiana desde el mundial de España ’82 hasta la fecha, y en Colombia, el equipo que aplica a la perfección este paradigma es Equidad Seguros.
¿A qué obedece este oprobio? A tratar de llevar poco a poco al equipo adversario a que cometa el mayor número de errores posibles, derivados de su inútil desgaste, porque siempre será más fácil aprovechar los errores que provocarlos, ya que para esto último es imprescindible tener jugadores con gran sentido táctico - estratégico, como ciertamente los tiene el Barcelona.
Por: Neftalí Martínez Alzate – “El Filósofo del Fútbol”
Desde que la Internacional Board decidió modificar el puntaje por partido ganado, intentó contrarrestar un efecto sin fundamentarse en su verdadera causa. Aparentemente lo que se buscaba con esta medida desapacible, era propiciar el fútbol ofensivo, desmotivando de paso en los entrenadores, jugadores y consciente colectivo del fútbol, el cómodo hábito de sumar puntaje sin ganar; amparados en la famosa figura conocida como “La Media Inglesa”.
Cuando no se podía ganar, mejor que perder era, como dicen los rio platenses: “Firmar El Empate”, porque matemáticamente no sólo se obtenía el mínimo ponderado puntual, sino que ese “Puntico” que se conseguía, significaba el 50% del máximo ponderado puntual de entonces, que eran los “Dos Puntos” por partido ganado, lo que técnicamente justificaba la expresión que tanto se usó en el periodismo deportivo mundial, para calificar la importancia de un empate conseguido a punta de táctica y retrechería: “Hacer Su Negocio”; en virtud a que empatar era precisamente eso: un buen “Negocio”, a la hora de la acumulación de puntos.
Hecha la modificación, con “Tres Puntos” como máximo ponderado puntual por partido ganado, en otras palabras se le dio “Cristiana Sepultura” a la “Media Inglesa”. Vale la pena hacerse la siguiente pregunta: ¿Qué tan ofensivo es el fútbol actual al tenor de la medida? Mi respuesta sería tan simple como tajante: ¡Ni más ni menos que antes!
La medida no surtió el efecto deseado porque sencillamente el fútbol que se practica hoy, sigue siendo tan retrechero, pragmático y calculador como lo era antes de la aparición de la mencionada medida. El fútbol ofensivo se circunscribe más a una evidente superioridad circunstancial o futbolística de un equipo “Fuerte”, sobre un rival “Débil”, traducida en una goleada que alimenta las estadísticas pero que no refleja un cambio positivo y sustantivo en este aspecto.
Como dice el refrán: “Peor El Remedio Que La Enfermedad”, porque con esta apresurada medida, terminaron beneficiados justamente un número bastante grueso de equipos retrecheros, calculadores y pragmáticos, que hacen muy poco por ganar y mucho menos por el espectáculo.
Para no ir tan lejos, pregúntenle al “Ultra Defensivo” Once Caldas, flamante campeón de la Copa Libertadores 2004 con su “Filosofía” futbolística de “Defenderse A Muerte A Ver Qué Pasa”, con muy magros argumentos ofensivos, apostándole siempre al error del adversario para “Cobrarle Por Ventanilla”.
Con el incremento del ponderado puntual por partido ganado, no sólo resultaron beneficiados los que no lo merecían, sino que de paso se creó una insalvable brecha entre un empate y una victoria; ya que ganar tres puntos sin merecerlo es tan doloroso como tener que resignarse a empatar cuando se mereció mejor suerte.
Esta desproporción puntual entre empatar y ganar, considero que debe zanjarse estableciéndose una “Escala Diferencial” directamente proporcional a la magnitud del logro. No es lo mismo ganar de local que ganar de visitante, y en ese mismo sentido aplica para empatar.
Un partido ganado como visitante tendría que dar un mayor puntaje – “Tres Puntos” – que el partido ganado como local – “Dos Puntos” – y de igual manera un empate de visitante – “Dos Puntos” – tendría que dar mayor puntaje que un empate como local – “Un Punto” – en aras del sentido común y la justicia. Tarde o temprano tendremos que llegar a algo como esto; ya que la disolución de empates desde el punto penal que se implementó en muchos países, fracasó, pero lo que le dio vida a ese mecanismo fue precisamente encontrar una fórmula para “Acortar” esa brecha brutal existente, entre ganar y no perder.
Por:Neftalí Martínez Alzate – “El Filósofo del Fútbol” –
Fue precisamente en la última década del siglo XX cuando comenzó a propagarse por todo el planeta el tercer “virus” de la gran decadencia, después de la asintomática aparición del primer virus que aterrorizaría a toda la humanidad: el Sida; y del segundo virus no menos terrorífico: la Globalización. El tercer virus al que me refiero es al detestable monstruo de la Fusión, cuya misión es desnaturalizar todo aquello que tenga sustancia propia o que exprese autenticidad, haciendo que pierda sus propiedades esenciales al momento de combinarlo con algo que es inauténtico. ¿Y el resultado? Un horrible color marrón producto de combinar varias barras de plastilina de diferentes colores. Esa es ni más ni menos la fusión: la mezcla indecorosa entre el azúcar y la sal, dando un sabor agridulce que dura muy poco tiempo entre lengua y paladar, y que se traga o se escupe, pero que NO se mastica.
Cuando yo era niño, escuchaba una ranchera tocada por auténticos mariachis, y la ranchera se oía como lo que era: como una ranchera. Lo mismo pasaba con la cumbia que tanto me encanta y que JAMÁS cambiaría por la salsa. La cumbia se oía como lo que era: como una cumbia, y la salsa se oía como una salsa, y el merengue, como un merengue, y la balada, como una balada, ¿y el rock? ¡Seguía siendo la misma porquería! Y aún así, se oía como lo que era... ¡No sé lo que era! Pero igual se oía insoportablemente “estridantesco”. Nótese la fusión que hago entre los términos estridente y dantesco, como para estar a la altura del contenido temático. ¡No lo hago del todo mal para ser un principiante!
Volviendo al tema en cuestión, tengo que reconocer que me costó una enormidad transigir con las fusiones. La gastronómica “aguanta”, porque su esencia está precisamente en las fusiones, pero las demás eran muy difíciles de asimilar para mí. Ya ni la Balada, ni la Ranchera, ni la Cumbia, ni el Merengue, ni la Salsa ni el Rock….eran .ritmos independientes. Ahora son la resulta de una abigarrada combinación. Una mezcolanza totalmente inimaginable y absurda. Tanto como mezclar en un plato de comida ¡sardinas con arequipe! Absurdo, ¿no? Pero más absurdo sería que quien lo probara, se pasara la lengua por los labios relamiéndose los dedos y dispuesto a repetir.
Bueno, fue entonces cuando tuve que acostumbrarme a escuchar la balada rock de Ersupley, la Balada Ranchera de Leo Dan, la Tecnocumbia de Rosy War, y la Salsa Erótica de Eddy Santiago. No tardó mucho tiempo en llegar el virus de la fusión a las “células” del fútbol. Fue entonces cuando se mezclaron la táctica y la estrategia formando un cigoto infecundo, que le dio más fuerza filosófica a la máxima socrática de “¡Sólo sé que nada sé!” En palabras más simples, el virus de la fusión generó CON-FUSIÓN, haciendo ver como iguales cosas que son parecidas, y haciendo ver parecidas cosas que NO son iguales. ¡Misión cumplida! Diría la anarquía, parada sobre las ruinas de lo que alguna vez fue, la semántica en el fútbol.
Pero al final no todo fue tan malo, ya que la fusión nos dejó una gran enseñanza entre líneas: que para ser un entrenador exitoso en el fútbol de hoy, es mejor suponer que analizar, es mejor improvisar que planificar, es mejor experimentar que aprender, es mejor actuar que pensar, es mejor confundir que convencer, y es mejor el RESULTADO, que todas las anteriores…….